Mi práctica artística se sitúa en una investigación continua sobre el binomio imagen-poder. Tras más de quince años habitando el mundo del fotoperiodismo, he aprendido a desconfiar de las imágenes y a poner en duda lo que se nos presenta como verdad o realidad. Mi interés radica en cuestionar los marcos de visibilidad que los espacios disciplinarios —el hospital, los medios de comunicación y el aparato institucional— han querido que normalicemos
Entiendo la fotografía no solo como un registro, sino como un material vivo. Mi proceso suele tener dos tiempos: el instante de la captura y un segundo momento reflexivo y poético, donde utilizo el montaje, la fragmentación y la abstracción para desplazar la mirada. A través de mi producción artística, busco poner el malestar sobre la mesa y detenernos frente a lo que las narrativas hegemónicas intentan silenciar, ya sea la violencia sistémica sobre los cuerpos o el aislamiento de la salud mental. Mi obra une estas inquietudes para reconocer la memoria como un acto de resistencia ante la normalización del dolor en la sociedad contemporánea.

